Todas y todos queremos ser felices. Y queremos vivir con seguridad. La mayoría de las acciones que realizamos responden, de una manera u otra, a esta doble motivación: buscar bienestar y evitar el sufrimiento. Y no solo las personas individuales: también las instituciones —ayuntamientos, consejos comarcales, gobiernos— tratan de responder a esas mismas necesidades ciudadanas.
Sin embargo, muchas veces, el camino que emprendemos hacia el bienestar no nos lleva a él. Nos ha pasado a muchos: desear algo intensamente que finalmente nos hace daño. Un ejemplo clásico es la comida o la bebida. Nos centramos en el sabor, en el placer inmediato, y olvidamos cómo nos sentiremos después. ¿Quién no ha comido demasiados dulces, o bebido de más en una noche, y se ha arrepentido poco después?

Este mecanismo tan humano también se activa cuando miramos al entorno natural. Vivimos en una sociedad que a menudo actúa movida por deseos a corto plazo, buscando resultados rápidos sin sopesar las consecuencias. El problema es que el “después” siempre llega. Y llega acompañado de costes: contaminación de acuíferos, del aire que respiramos, calentamiento global, pérdida de biodiversidad, conflictos relacionados, incluso guerras…
Es como una adicción. La persona adicta, en la búsqueda de un placer intenso e inmediato, puede llegar a desatender su salud, sus relaciones e incluso su futuro. Como sociedad, podemos actuar de la misma manera: produciendo, comprando, consumiendo sin tener en cuenta el coste colectivo. Y ese coste, igual que en el cuerpo humano, lo paga el sistema que nos sustenta: el planeta.
Pero hay alternativas. En todo el mundo, decenas de entidades y personas ya caminamos en otra dirección. Colectivos que defienden un territorio saludable, habitable y justo. Cada uno desde su ámbito: calidad del aire, agua limpia, alimentos ecológicos, justicia climática, territorio vivo, solidaridad y buenas relaciones.
Con este artículo inauguramos una serie en la que exploraremos, con mirada crítica y constructiva, cómo avanzar hacia un mundo vivo. Hablaremos de problemáticas, pero también de soluciones. De conflictos, sí, pero también de alianzas. Y, sobre todo, de cómo, juntas y juntos, podemos enfocar nuestro caminar no solo hacia el placer inmediato, sino hacia una felicidad que sea profunda, compartida y sostenible.
Porque un mundo vivo solo será posible si cuidamos nuestro entorno, que es la naturaleza que somos y el entramado de relaciones que tejemos. Como muestran la serie “Hope!” de TVE , la película “Alternativas” y muchas otras iniciativas que promovemos desde WEAll Iberia, o desde Monviu y junto a tantas redes comprometidas. Es hora de actuar.
Autor: Lorens Witty
Volver a WEAll Iberia
the discussion?
Let us know what
you would like
to write about!